Francis Scott Fitzgerald: El gran Gatsby
"Extendió los brazos hacia el agua oscura de una manera peculiar y, a pesar de lo lejos que me encontraba de él, habría jurado que temblaba. Irremediablemente miré hacia el mar..., y no vi nada, con la excepción de una luz verde, muy pequeña y lejana..."
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| Francis Scott Fitzgerald El gran Gatsby Traducción: José Luis López Muñoz Círculo de Lectores. Barcelona. 2000 |
"El gran Gatsby" es una novela por la que no pasa el tiempo. Su romanticismo, delicadeza y sensibilidad serán siempre actuales. Es una historia de amor que esconde una radiografía tanto del mito norteamericano como de Fitzgerald. Este presentó a su editor Perkins en 1924 un borrador al que llamó "Trimalcion" aludiendo al personaje del Satiricón de Petronio donde el liberto llamado así, después de hacer buenos negocios quiso celebrarlo con un banquete al que invitó a todos los amigos de su viejo amo ya muerto. Muchos no lo conocían, pero acudieron igual. El banquete fue espectacular y orgiástico. A lo largo de la noche los invitados envidiosos y resentidos destrozaron todo y quemaron la casa, entre cuyas ruinas apareció el cuerpo de Trimalción. También pensó titularlo "El hombre del sombrero de oro". Al final lo llamó "El gran Gatsby" aunque este título nunca acabó de gustarle.
La narración la lleva a cabo un observador objetivo y ajeno, Nick Carraway, vecino de Jay Gatsby que si en un principio no aparecerá cercano a él, terminará mostrando la voz afectuosa e irónica: "su casa parece la Exposición Universal".
Nick al instalarse entrará en contacto con su prima Daisy y su marido Tom. Al mismo tiempo se hará amigo de Gatsby del que dirá: "El suyo era un don extraordinario para la esperanza, una romántica disponibilidad como nunca he hallado en otra persona y no es probable que vuelva a encontrar".
Gatsby celebrará suntuosas fiestas rodeándose de seres que no conoce, o sólo por su fama, y establecerá con Nick un lazo de confianza revelándole el sentido de toda su opulencia: lograr que Daisy, la chica cuya "voz está llena de dinero", de quien está enamorado desde hace años, asista a su mansión.
Daisy no le esperó cuando él estaba en el campamento debido a su desigualdad económica y se casó con un millonario. Gatsby logrará una fortuna con negocios ilegales y pretenderá reconquistar su sueño, que Daisy abandone a su familia a cambio del amor.
En una tormentosa salida, ella atropellará a la amante de su marido y Gatsby, en un gesto abnegado, no confesará quien conducía siendo asesinado por el marido de la víctima.
Gatsby es el retrato de un personaje de clase baja que quiere triunfar a toda costa y que será destruido por el poder de aquellos a los que trata de imitar. Su actitud honesta lo pone por encima de quienes le rodean. Su aura romántica lo transforma en lo contrario de los verdaderos ricos, gente sin moral
"Tom y Daisy eran criaturas desconsideradas: hacían añicos cosas y personas y luego volvían a su dinero o a su enorme desconsideración, o lo que fuese que les mantenía unidos, y dejaban que otros se encargaran de limpiar lo que ellos habían ensuciado..."
El no pertenece a esta clase, su deseo de riqueza no tiene otro sentido que conseguir el amor de una mujer. La corrupción de los medios utilizados para alcanzar su fin no altera la integridad de su alma. Eran los comunes en la época y los únicos para que una persona sin fortuna lograra sus sueños. La verdadera corrupción es la que descubre Nick en aquellos que desprecian a Gatsby y especialmente en Tom.
Gatsby sólo busca las posibilidades hechiceras de la riqueza, hacer retroceder el tiempo hacia el comienzo. Cuando un enternecedor Gatsby intenta abrazar en su embarcadero la luz verde de la mansión de Daisy, está abrazando el triste brillo de un ensueño, su dinero no le dará lo que el anhela, Daisy es un engaño, una pose, una criatura desconsiderada capaz de hacer añicos cuanto se pone a su alcance. Pero él no puede abrir los ojos, si lo hiciera toda su lucha no tendría sentido, por ello se refugia en la espera, la llamada de Daisy para empezar una nueva vida, conseguir lo imposible, la quimera: regresar al pasado.
Gatsby es especial, su amor por Daisy emociona. Es el rey de un cuento de hadas inventando un pasado misterioso y construyendo un palacio para la amada. Pero su reino es el del enamorado del sombrero de oro que aparece en la cita con que se abre el libro
"Ponte el sombrero dorado, si eso ha de conmoverla; si eres capaz de saltar muy alto, hazlo también por ella, hasta que exclame: ¡Enamorado saltarín, enamorado del sombrero de oro, tendrás que ser mío!"
solo que ella no se conmueve, no merece ser parte del cuento, va a la deriva y arrastra a Gatsby dejándonos una resaca con inconfundible sabor a desencanto y pérdida de la inocencia.
El autor ~
Francis Scott Fitzgerald nació en Saint Paul, Minnesota en 1896 y murió a los 44 años en Hollywood en 1940.
Fue miembro de una familia modesta y presuntuosa en la que el padre, aficionado a la bebida, fracasó en el negocio de muebles y la madre le reprochó continuamente su privación para poder pagar cursos, escuelas elegantes y la Universidad de Princeton.

Delgado, rubio y de buena presencia, Fitzgerald parecía un dandy de gran éxito. Sin embargo, Ginevra King, la heredera que pasaría a sus novelas, no quiso casarse con el. Abandonó Princeton sin diploma y se inscribió en el ejército en 1917. Siendo subteniente conoció a Zelda Sayre, heredera admirada, cortejada y alocada, quien rehusó casarse con Scott hasta que no tuviera un trabajo digno de su condición económica, haciendo que el escritor abandonara una firma publicitaria y se entregara a la venta de sus novelas.
Comenzó su carrera literaria con una novela y relatos que fueron continuamente rechazados. Descorazonado, empezó a beber. En 1920 consiguió publicar “A este lado del paraíso” siendo un éxito. Zelda se casó con él y empezó el sueño: el triunfo, la alegría de vivir, la prosperidad, todo ello acompañado de la bebida, el derroche, las peleas, las denuncias,… mundo que acabaría con la catástrofe del 29.
“El gran Gatsby” aparecerá en 1925 mostrándonos todo su drama autobiográfico sobre el cambio de categoría social. Fitzgerald confesará:
“Esto es lo que siempre he vivido, un muchacho pobre en una ciudad rica, pobre en una escuela de ricos, pobre en una universidad de ricos. Jamás he podido perdonar a los ricos el que fueran ricos, lo que ha ensombrecido mi vida y todas mis obras. Gatsby trata de la injusticia que impide a un joven pobre casarse con una muchacha rica. Este tema surge porque lo he vivido.”

La novela será ignorada por el público sumiendo a su autor en el fracaso. Fitzgerald seguirá pensando que América es una fiesta y que ésta nunca acaba y no sólo lo describirá sino que vivirá la fiesta hasta su destrucción. El hundimiento de la bolsa dará lugar a los años negros de los Fitzgerald. Zelda incendiará su casa con la familia dentro y será internada en una clínica psiquiátrica. Hemingway la considerará culpable de la decadencia física y literaria de su marido al que hará comentarios crueles e insensibles en su relato “Las nieves del Kilimanjaro”. Fitzgerald se lo recriminará en una carta pidiéndole que no lo cite en sus obras y que cuando publique el relato en un libro, borre su nombre.
A pesar de las curas de desintoxicación, el autor beberá cada vez más y escribirá menos. Trabajará como guionista en Hollywood y no terminará su novela “El último magnate” al morir de un ataque cardíaco.
~ Me ha emocionado volver a leer “El gran Gatsby”. Para mi es una obra excepcional. Ha sido una lectura distinta, sin el deslumbramiento inicial pero no por ello menos conmovedora. Envidio a los lectores que se adentran en ella por primera vez.
~ Antonio Muñoz Molina en el artículo que dentro de su obra “Unas gafas de Pla” dedica a Fitzgerald nos narra que la compañía Sotheby’s de Londres subastó el manuscrito autógrafo de “El gran Gatsby” y una petaca plateada de whisky donde guardaba su dosis diaria de veneno, su licor de olvido, embrutecimiento y fracaso. Argumenta este escritor lo sórdido de exhibir y poner a la venta, envuelta en un resplandor de leyenda póstuma, la triste petaca.
~ Me fastidia Hemingway. Trabó una gran amistad con Fitzgerald que fue enfriándose hasta acabar en duras críticas personales y sobre el hecho de estar más preocupado por la opinión de la crítica que por hacer una obra literaria de calidad; lo acusó de cobarde e inmaduro. Hemingway fue cruel con alguien que le había apoyado literaria y materialmente.
~ Fitzgerald consideraba a Joyce el maestro de la novela moderna. Sylvia Beach, primera editora del “Ulises” lo narra, “adoraba a James Joyce, pero tenía miedo de acercarse a él”. En 1928 lo ayuda a conocerlo organizando una cena. A ésta asistieron el matrimonio Joyce, el matrimonio Fitzgerald, Beach y su compañera y dos escritores más. Fitzgerald dibujó el encuentro: aparece un beatífico Joyce con aureola, Fitzgerald arrodillado a sus pies y Beach y su compañera como sirenas.
~ El autor de esta preciosa portada de la primera edición de la obra fue el español Francis Cugat, hermano mayor del músico Xavier Cugat. Nació en España en 1893 pero se crió en Cuba. En los años veinte se dedicó a la ilustración y posteriormente se trasladó a Hollywood donde trabajó como consultor técnico en 69 películas. En 1924 Cugat recibió el encargo aunque Fitzgerald no había terminado aún la novela. Al escritor le fascinó “Celestial eyes” y viendo que no cumpliría los plazos previstos pidió al editor que no utilizase la cubierta para otro autor: “Por el amor de Dios, no le des a nadie esa cubierta que estás reservando para mí. Ya forma parte del libro. He escrito a partir de ella”.
~ En la ciudad de Rockville, Maryland, en el cementerio católico de la iglesia de Santa María, fueron sepultados Fitzgerald y Zelda Sayre. Él, alcoholizado, sufrió a finales de 1940 dos ataques cardíacos. El segundo le provocó la muerte en el apartamento de su amante, Sheilah Graham, en Hollywood. Zelda murió en el incendio del centro psiquiátrico donde estaba internada. Inscrita en su lápida está la frase que cierra “El gran Gatsby”:
“Y así seguimos adelante, botes contra la corriente, empujados incesantemente hacia el pasado”.
~ Leonardo Padura. “Pasado perfecto”.
“«Parece una fiesta de afuera», sentenció el Conejo y a ellos también les pareció que sí, y luego él comprendió que hasta al grandísimo Gatsby le hubiera gustado un fiestón así. Rafael Morín, en plan de conquista, bailó toda la noche con Tamara, y el Conde todavía era capaz de recordar los vuelos del vestido de encajes blancos de la jimagua, flotando con el inevitable Danubio azul, que para él fue negro, con todos sus pespuntes grises”.
~ Antonio Muñoz Molina. “Una gafas de Pla: Comercio de reliquias”.
“Cómo podría haber imaginado, en la descarnada pobreza del apartamento de alquiler donde murió de un ataque al corazón, que medio siglo más tarde se subastaría impúdicamente los dos símbolos adversos de su perdición y de su gloria, el manuscrito de El gran Gatsby y el frasco de la ginebra y del whisky, sus dos únicos tesoros, las dos únicas posesiones que a lo largo de tantos años de lujo y despilfarro le pertenecieron de verdad”.



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