sábado, 31 de diciembre de 2016

RESEÑA.
José Ángel Valente: Fragmentos de un libro futuro


José Ángel Valente comenzó a idear "Fragmentos de un libro futuro" en
1992 al concluir "No amanece el cantor", trabajando en el proyecto hasta poco antes de morir, en julio de 2000. Valente afirmaba que sería póstumo: "me moriré con él. No pienso cerrarlo, es un libro abierto." Incluso dejó instrucciones precisas sobre cómo se editaría, sobrio y sin ornamentación, dejando todo el protagonismo a la palabra poética.

Él pensaba que la obra de uno nunca está ni debe estar completa, por eso le gustaba la tradición de los indios navajos por la que las mujeres que tejen una alfombra dejan al final un cabo suelto para que siempre puedan seguir trabajando. "Fragmentos de un libro futuro" es ese cabo suelto que anuda la muerte.

No se puede entender como la última poesía escrita por el autor, sino como apunta el título, fragmentos

              “De ti no quedan más
              que estos fragmentos rotos…”
piezas de distinta datación, y al mismo tiempo una obra inconclusa configurada por la muerte hasta la llegada del viaje sin retorno
              “ME cruzas, muerte, con tu enorme manto
              de enredaderas amarillas…
              Si ésta fuese la hora          
              dame la mano, muerte, para entrar contigo
              en el dorado reino de las sombras.”

Valente se sabe ya emplazado e invoca:

            “Acógeme de nuevo en ti,
              mas sólo cuando haya
              acabado mi canto”.

Recuerda el amor como ancla, allí donde:

              “el naufragio inminente todavía
              no se ha consumado, ciegamente
              te amo”.

Realiza una poesía cada vez más austera, sobria, sin sentimentalismos, despojada de todo lo superfluo, llevando la palabra hasta el límite, buscando la brevedad extrema, lo menos para ir más allá de lo escrito.


Los poemas están plagados de referencias a la luz de otoño 

              “EN la ventana
              las gotas de la lluvia fingen llanto
              del prematuro rostro frío de este otoño”.


la nada 

              “Y todas las cosas para llegar a ser se miran
              en el vacío espejo de su nada”.


el silencio, elemento cada vez más relevante en su obra

              “Si existe repentino este silencio
              en el leve descenso de la tarde…
              si este eterno es verdad, merecería
              la pena haber venido,
              estar presente, dios, en esta cita tuya no anunciada”.


la infancia

              “Hay un eco infinito en los vacíos
            desvanes tristes de la infancia perdida”.
 

el olvido

              “PÁJARO del olvido
              jamás te tuve más cierto en mi memoria”. 

la soledad 

              “Nadie
              me dice adiós. Nadie me espera”.


              “SÓLO la soledad resuena larga
              igual que cola o viento”.

el desgarro ante la muerte propia o la del hijo, reflexionando sobre la percepción del fin, neutralizando éste con su amor por la plenitud de la vida 

              “Qué dolor el morir, llegar a ti, besarte
              desesperadamente
              y sentir que el espejo
              no refleja mi rostro
              ni sientes tú,
              a quien tanto he amado,
              mi anhelante impresencia”.


            “TÚ duermes en tu noche sumergido. Estás en paz.
              Yo araño las heladas paredes de tu ausencia…
              Tú ya no eres ni siquiera tú. Yo tu vacío. Memoria
              yo de ti, lejano, que no podrás ya nunca recordarme”.

              “Ya no tienes figura: la tuviste
              cuando andábamos juntos contra el viento
              que ya amenazaba con tu ausencia”.


la creación como luz y el silencio como materia que alberga y conduce a la belleza. 

Tampoco faltan homenajes: Cernuda (pag. 28); Paul Celan (pag. 17); Paolo Ucello (pag. 44) o Giordano Bruno (pag. 101). 

La complejidad mística de esta poesía nos lleva a comprobar que Valente pretende alcanzar cotas que no se pueden expresar, por ello también es importante releer la obra pues ésta ofrece nuevas perspectivas y significados. Él entendía la lectura como un acto creador.


Cierra la obra un poema escrito dos meses antes de morir, que supone el límite, igualar la música del poema con la natural, la culminación de la palabra ante la ausencia del poeta, su pervivencia, manifestando, así mismo, el planteamiento de John Keats sobre la unidad de la poesía, siempre la misma, ya que lo que cambia es el cantor, al igual que cambia el árbol, el ruiseñor, pero no su melodía siglo tras siglo


              “CIMA del canto.
              El ruiseñor y tú
              ya sois lo mismo”.



Es un libro hermoso, melancólico, en el que Valente nos envuelve en una serenidad sin desesperación. 

Son significativas las dos citas que abren el texto. La primera, del trovador Arnaut Daniel, es una afirmación de su individualidad. Él siempre defendió la poesía generada en soledad como creación subjetiva completamente al margen de grupos: 

              “Yo soy Arnaut que amontona el viento
              y caza la liebre con el buey
              y nada contra corriente”.


La segunda es el primer verso del libro “Dios deseado y deseante” de Juan Ramón Jiménez, con el que Valente deja paso a una difícil pero manifiesta esperanza: 

              “Dios del venir, te siento entre mis manos”.



Al margen ~

~ Aunque en la obra los poemas no estén fechados, el índice reproduce las fechas progresivas, quedando así patente la voluntad diarística del autor. 


~ El poema que abre el libro 


              Supo, 
            después de mucho tiempo en la espera metódica

              de quien aguarda un día 
              el seco golpe del azar, 
              que sólo en su omisión o en su vacío 
              el último fragmento llegaría a existir.


es el fragmento XXXVII y último de su obra “Treinta y siete fragmentos”.


~ La muerte de su hijo Antonio, en junio de 1989 a causa de una sobredosis en Ginebra, determinó su vida y su poesía. Es un acontecimiento trascendental que dará lugar a todo un ciclo poético “Paisaje con pájaros amarillos” y muchos otros poemas con los que el poeta pretende insuflar vida al hijo a través de la palabra.

“Hoy, hacia la una y media, recogí las cenizas de Antonio en Saint Georges. Caía una lluvia menuda y fría. Volví a sentir un intensísimo dolor.”


Antonio fue incinerado el 3 de julio de 1989. El 4 de julio por la noche Valente fue ingresado con un infarto en el Hospital Cantonal.

~ La relación de Valente con su ciudad natal, Ourense, fue complicada. Nunca ocultó su rechazo hacia esa “tierra de nadie”. El ambiente de posguerra le afectó profundamente. Su padre, republicano de clase humilde, fue humillado por los ganadores y de ahí surgiría su primer choque.

En la plaza de las Mercedes de Ourense hay una inscripción con unos versos de Valente

“Alongarme somente foi o xeito de ficar para sempre.” 

“Alejarme solamente fue la manera de quedarme para siempre.”


Tal como aparecen parecería indicar que se está refiriendo a la ciudad, pero quienes lo conocieron bien, como su amigo Julio López Cid, indican que esos versos están indebidamente utilizados porque no se refiere en el poema a un lugar geográfico sino a un espacio metafísico, que podría ser el claustro materno, ya que el poema está dirigido a su madre.

~ A pesar de esa relación compleja con Ourense, José Ángel Valente
decidió que sus restos y los de su hijo Antonio reposaran junto a los de su padre, en el Cementerio de San Francisco de su ciudad natal. 

“AHORA ya sé que ambos tuvimos una infancia común o compartida, porque hemos muerto juntos. Y me mueve el deseo de ir hasta el lugar en donde estás para depositar junto a las tuyas, como flores tardías, mis cenizas.” 

“No amanece el cantor”








              ESTE sueño, que acabo de soñar y en cuyo tenue
              borde te hiciste no visible, limita con la nada.

                    (Ausencia)




TÚ duermes en tu noche sumergido. Estás en paz. Yo araño las heladas paredes de tu ausencia, los muros no agrietados por el tiempo que no puede durar bajo tus párpados. Ceniza tú. Yo sangre. Leve hoja tu voz. Pétreo este canto. Tú ya no eres ni siquiera tú. Yo, tu vacío. Memoria yo de ti, tenue, lejano, que no podrás ya nunca recordarme.                                                           
                                                                       (In pace)




          A Coral

              AL norte
              de la línea de sombras
              donde todo hace agua,
              rompientes
              en que el mar océano
              se engendra o se deshace,
              y el naufragio inminente todavía
              no se ha consumado, ciegamente
              te amo

                                                     (SOS)




              SI después de morir nos levantamos,
              si después de morir
              vengo hacia ti como venía antes
              y hay algo en mí que tú no reconoces
              porque no soy el mismo,
              qué dolor el morir, saber que nunca
              alcanzaré los bordes
              del ser que fuiste para mí tan dentro
              de mí mismo,
              si tú eras yo y entero me invadías
              por qué tan ciega ahora esta frontera,
              tan aciago este muro de palabras
              súbitamente heladas
              cuando más te requiero,
              te digo ven y a veces
              todavía me miras con ternura
              nacida sólo del recuerdo.

              Qué dolor el morir, llegar a ti, besarte
              desesperadamente
              y sentir que el espejo
              no refleja mi rostro
              ni sientes tú,
              a quien tanto he amado,
              mi anhelante impresencia.


                                (Elegía: fragmento)




              HAY una leve luz caída
              entre las hojas de la tarde.
              No podemos hollarla.
                                           Dame
              tu mano y cruza
              de puntillas conmigo
              para nunca pisarla,
              para no arder tan tenue
              en sus dormidas brasas
              y consumirte lenta
              en el perfil del aire.


                                (Octubre)





              El amarillo, el verde, el encendido
              rojo sólo para morir
              bajo el tendido velo del otoño.

              La luz no está en la luz, está en las cosas
              que arden de luz tenaz bajo la lluvia.

              Nada tiene más fuego en sus entrañas
              que la melancolía ardiente de esta hora.

              Nada tiene más fuego que la ausencia.

              ¿Llorar?
                           Lloradme nunca.
                                                     Me he perdido
              con el aire en las bóvedas tan bajas
              de un cielo que, piadoso, me disuelve.


                                     (Días de octubre de 1996)




                                         Para Antonio, en memoria, 1997

              UNA vez más desciende la tristeza
              como reptante sierpe a ras de suelo.

              En el mismo lugar y en la ceniza misma,
              las mismas aguas quietas en el mismo lago,
              su plateado gris, las hojas húmedas
              desde el llanto de ayer.

              ¿De cuánto tiempo antes?
              Ya no tienes figura: la tuviste
              cuando andábamos juntos contra el viento
              que ya me amenazaba con tu ausencia.

              Y ahora el día
              de atenuada luz como tímida noche
              apaga lentamente mi mirada.

              La sombra.
              Otra vez en su seno somos uno.


                                                  (Hic locus)



              TEMPLO de la cima, la noche:
              la mano alzada acaricia la estrella.

              ¡Pero cuidado!
                                    Bajad la voz.

              No despertemos a los habitantes del cielo.

                                                     (Versión de Li Po)




              EL verde lentamente iba del rojo al amarillo.

              No había un ave en el cielo tranquilo.

              Quietud.
                           Por el camino que atraviesa el bosque
              una silueta apenas se dibuja.

              La tarde baja hasta tus labios húmedos.

              Caer.
                     Desvanecerse,
              para nunca morir,
              en las entrañas hondas de este sueño.


                                                     (Octubre, 1997)




              ME cruzas, muerte, con tu enorme manto
              de enredaderas amarillas.

              Me miras fijamente.
                                             Desde antiguo
              me conoces y yo a ti.

              Lenta, muy lenta, muerte, en la belleza
              tan lenta del otoño.

              Si ésta fuese la hora
              dame la mano, muerte, para entrar contigo
              en el dorado reino de las sombras.

lunes, 26 de diciembre de 2016

RESEÑA.
Francis Scott Fitzgerald: El gran Gatsby

"Extendió los brazos hacia el agua oscura de una manera peculiar y, a pesar de lo lejos que me encontraba de él, habría jurado que temblaba. Irremediablemente miré hacia el mar..., y no vi nada, con la excepción de una luz verde, muy pequeña y lejana..."




Francis Scott Fitzgerald
El gran Gatsby
Traducción: José Luis López Muñoz
Círculo de Lectores. Barcelona. 2000

"El gran Gatsby" es una novela por la que no pasa el tiempo. Su romanticismo, delicadeza y sensibilidad serán siempre actuales. Es una historia de amor que esconde una radiografía tanto del mito norteamericano como de Fitzgerald. Este presentó a su editor Perkins en 1924 un borrador al que llamó "Trimalcion" aludiendo al personaje del Satiricón de Petronio donde el liberto llamado así, después de hacer buenos negocios quiso celebrarlo con un banquete al que invitó a todos los amigos de su viejo amo ya muerto. Muchos no lo conocían, pero acudieron igual. El banquete fue espectacular y orgiástico. A lo largo de la noche los invitados envidiosos y resentidos destrozaron todo y quemaron la casa, entre cuyas ruinas apareció el cuerpo de Trimalción. También pensó titularlo "El hombre del sombrero de oro". Al final lo llamó "El gran Gatsby" aunque este título nunca acabó de gustarle.


La narración la lleva a cabo un observador objetivo y ajeno, Nick Carraway, vecino de Jay Gatsby que si en un principio no aparecerá cercano a él, terminará mostrando la voz afectuosa e irónica: "su casa parece la Exposición Universal".


Nick al instalarse entrará en contacto con su prima Daisy y su marido Tom. Al mismo tiempo se hará amigo de Gatsby del que dirá: "El suyo era un don extraordinario para la esperanza, una romántica disponibilidad como nunca he hallado en otra persona y no es probable que vuelva a encontrar".


Gatsby celebrará suntuosas fiestas rodeándose de seres que no conoce, o sólo por su fama, y establecerá con Nick un lazo de confianza revelándole el sentido de toda su opulencia: lograr que Daisy, la chica cuya "voz está llena de dinero", de quien está enamorado desde hace años, asista a su mansión.


Daisy no le esperó cuando él estaba en el campamento debido a su desigualdad económica y se casó con un millonario. Gatsby logrará una fortuna con negocios ilegales y pretenderá reconquistar su sueño, que Daisy abandone a su familia a cambio del amor.


En una tormentosa salida, ella atropellará a la amante de su marido y Gatsby, en un gesto abnegado, no confesará quien conducía siendo asesinado por el marido de la víctima.

Nick reflexionará sobre su amigo, un ser siempre rodeado de gente pero que a la hora de su muerte estará solo, ni siquiera Daisy, con su egoísmo natural, asistirá al entierro.


Gatsby es el retrato de un personaje de clase baja que quiere triunfar a toda costa y que será destruido por el poder de aquellos a los que trata de imitar. Su actitud honesta lo pone por encima de quienes le rodean. Su aura romántica lo transforma en lo contrario de los verdaderos ricos, gente sin moral

"Tom y Daisy eran criaturas desconsideradas: hacían añicos cosas y personas y luego volvían a su dinero o a su enorme desconsideración, o lo que fuese que les mantenía unidos, y dejaban que otros se encargaran de limpiar lo que ellos habían ensuciado..."
El no pertenece a esta clase, su deseo de riqueza no tiene otro sentido que conseguir el amor de una mujer. La corrupción de los medios utilizados para alcanzar su fin no altera la integridad de su alma. Eran los comunes en la época y los únicos para que una persona sin fortuna lograra sus sueños. La verdadera corrupción es la que descubre Nick en aquellos que desprecian a Gatsby y especialmente en Tom.


Gatsby sólo busca las posibilidades hechiceras de la riqueza, hacer retroceder el tiempo hacia el comienzo. Cuando un enternecedor Gatsby intenta abrazar en su embarcadero la luz verde de la mansión de Daisy, está abrazando el triste brillo de un ensueño, su dinero no le dará lo que el anhela, Daisy es un engaño, una pose, una criatura desconsiderada capaz de hacer añicos cuanto se pone a su alcance. Pero él no puede abrir los ojos, si lo hiciera toda su lucha no tendría sentido, por ello se refugia en la espera, la llamada de Daisy para empezar una nueva vida, conseguir lo imposible, la quimera: regresar al pasado.



Gatsby es especial, su amor por Daisy emociona. Es el rey de un cuento de hadas inventando un pasado misterioso y construyendo un palacio para la amada. Pero su reino es el del enamorado del sombrero de oro que aparece en la cita con que se abre el libro

"Ponte el sombrero dorado, si eso ha de conmoverla; si eres capaz de saltar muy alto, hazlo también por ella, hasta que exclame: ¡Enamorado saltarín, enamorado del sombrero de oro, tendrás que ser mío!"
solo que ella no se conmueve, no merece ser parte del cuento, va a la deriva y arrastra a Gatsby dejándonos una resaca con inconfundible sabor a desencanto y pérdida de la inocencia.



El autor ~


Francis Scott Fitzgerald nació en Saint Paul, Minnesota en 1896 y murió a los 44 años en Hollywood en 1940.


Fue miembro de una familia modesta y presuntuosa en la que el padre, aficionado a la bebida, fracasó en el negocio de muebles y la madre le reprochó continuamente su privación para poder pagar cursos, escuelas elegantes y la Universidad de Princeton.


Delgado, rubio y de buena presencia, Fitzgerald parecía un dandy de gran éxito. Sin embargo, Ginevra King, la heredera que pasaría a sus novelas, no quiso casarse con el. Abandonó Princeton sin diploma y se inscribió en el ejército en 1917. Siendo subteniente conoció a Zelda Sayre, heredera admirada, cortejada y alocada, quien rehusó casarse con Scott hasta que no tuviera un trabajo digno de su condición económica, haciendo que el escritor abandonara una firma publicitaria y se entregara a la venta de sus novelas.


Comenzó su carrera literaria con una novela y relatos que fueron continuamente rechazados. Descorazonado, empezó a beber. En 1920 consiguió publicar “A este lado del paraíso” siendo un éxito. Zelda se casó con él y empezó el sueño: el triunfo, la alegría de vivir, la prosperidad, todo ello acompañado de la bebida, el derroche, las peleas, las denuncias,… mundo que acabaría con la catástrofe del 29.



“El gran Gatsby” aparecerá en 1925 mostrándonos todo su drama autobiográfico sobre el cambio de categoría social. Fitzgerald confesará:

“Esto es lo que siempre he vivido, un muchacho pobre en una ciudad rica, pobre en una escuela de ricos, pobre en una universidad de ricos. Jamás he podido perdonar a los ricos el que fueran ricos, lo que ha ensombrecido mi vida y todas mis obras. Gatsby trata de la injusticia que impide a un joven pobre casarse con una muchacha rica. Este tema surge porque lo he vivido.”

La novela será ignorada por el público sumiendo a su autor en el fracaso. Fitzgerald seguirá pensando que América es una fiesta y que ésta nunca acaba y no sólo lo describirá sino que vivirá la fiesta hasta su destrucción. El hundimiento de la bolsa dará lugar a los años negros de los Fitzgerald. Zelda incendiará su casa con la familia dentro y será internada en una clínica psiquiátrica. Hemingway la considerará culpable de la decadencia física y literaria de su marido al que hará comentarios crueles e insensibles en su relato “Las nieves del Kilimanjaro”. Fitzgerald se lo recriminará en una carta pidiéndole que no lo cite en sus obras y que cuando publique el relato en un libro, borre su nombre.

A pesar de las curas de desintoxicación, el autor beberá cada vez más y escribirá menos. Trabajará como guionista en Hollywood y no terminará su novela “El último magnate” al morir de un ataque cardíaco.



Al margen ~

~ Me ha emocionado volver a leer “El gran Gatsby”. Para mi es una obra excepcional. Ha sido una lectura distinta, sin el deslumbramiento inicial pero no por ello menos conmovedora. Envidio a los lectores que se adentran en ella por primera vez.
  
~ Antonio Muñoz Molina en el artículo que dentro de su obra “Unas gafas de Pla” dedica a Fitzgerald nos narra que la compañía Sotheby’s de Londres subastó el manuscrito autógrafo de “El gran Gatsby” y una petaca plateada de whisky donde guardaba su dosis diaria de veneno, su licor de olvido, embrutecimiento y fracaso. Argumenta este escritor lo sórdido de exhibir y poner a la venta, envuelta en un resplandor de leyenda póstuma, la triste petaca.


~ Me fastidia Hemingway. Trabó una gran amistad con Fitzgerald que fue enfriándose hasta acabar en duras críticas personales y sobre el hecho de estar más preocupado por la opinión de la crítica que por hacer una obra literaria de calidad; lo acusó de cobarde e inmaduro. Hemingway fue cruel con alguien que le había apoyado literaria y materialmente.


~ Fitzgerald consideraba a Joyce el maestro de la novela moderna. Sylvia Beach, primera editora del “Ulises” lo narra, “adoraba a James Joyce, pero tenía miedo de acercarse a él”. En 1928 lo ayuda a conocerlo organizando una cena. A ésta asistieron el matrimonio Joyce, el matrimonio Fitzgerald, Beach y su compañera y dos escritores más. Fitzgerald dibujó el encuentro: aparece un beatífico Joyce con aureola, Fitzgerald arrodillado a sus pies y Beach y su compañera como sirenas.



~ El autor de esta preciosa portada de la primera edición de la obra fue el español Francis Cugat, hermano mayor del músico Xavier Cugat. Nació en España en 1893 pero se crió en Cuba. En los años veinte se dedicó a la ilustración y posteriormente se trasladó a Hollywood donde trabajó como consultor técnico en 69 películas. En 1924 Cugat recibió el encargo aunque Fitzgerald no había terminado aún la novela. Al escritor le fascinó “Celestial eyes” y viendo que no cumpliría los plazos previstos pidió al editor que no utilizase la cubierta para otro autor: “Por el amor de Dios, no le des a nadie esa cubierta que estás reservando para mí. Ya forma parte del libro. He escrito a partir de ella”.



~ En la ciudad de Rockville, Maryland, en el cementerio católico de la iglesia de Santa María, fueron sepultados Fitzgerald y Zelda Sayre. Él, alcoholizado, sufrió a finales de 1940 dos ataques cardíacos. El segundo le provocó la muerte en el apartamento de su amante, Sheilah Graham, en Hollywood. Zelda murió en el incendio del centro psiquiátrico donde estaba internada. Inscrita en su lápida está la frase que cierra “El gran Gatsby”:

“Y así seguimos adelante, botes contra la corriente, empujados incesantemente hacia el pasado”.




Recorridos ~


~ Leonardo Padura. “Pasado perfecto”.

“«Parece una fiesta de afuera», sentenció el Conejo y a ellos también les pareció que sí, y luego él comprendió que hasta al grandísimo Gatsby le hubiera gustado un fiestón así. Rafael Morín, en plan de conquista, bailó toda la noche con Tamara, y el Conde todavía era capaz de recordar los vuelos del vestido de encajes blancos de la jimagua, flotando con el inevitable Danubio azul, que para él fue negro, con todos sus pespuntes grises”.

~ Antonio Muñoz Molina. “Una gafas de Pla: Comercio de reliquias”.


“Cómo podría haber imaginado, en la descarnada pobreza del apartamento de alquiler donde murió de un ataque al corazón, que medio siglo más tarde se subastaría impúdicamente los dos símbolos adversos de su perdición y de su gloria, el manuscrito de El gran Gatsby y el frasco de la ginebra y del whisky, sus dos únicos tesoros, las dos únicas posesiones que a lo largo de tantos años de lujo y despilfarro le pertenecieron de verdad”.