sábado, 4 de febrero de 2017

RESEÑA.
Fernando Aramburu: Patria

"Bittori, en el cementerio de Polloe, durante la ceremonia del sepelio, le susurró a Xabier una cosa que éste nunca ha olvidado. ¿Qué cosa? Pues que le parecía que, más que enterrar al Txato, lo estaban escondiendo."


Patria se inicia en el momento en que ETA anuncia el abandono de la lucha armada. Abarca casi tres décadas, desde mediados de los años 80 hasta algún tiempo después de la declaración del cese definitivo, en octubre de 2011.

La acción se sitúa en un pequeño pueblo guipuzcoano cercano a la
Fernando Aramburu
Patria
Tusquets. Barcelona. 2016
ciudad de San Sebastián. Allí viven dos familias que durante mucho tiempo han sido mucho más que amigas pero que la violencia y la sinrazón les lleva a situarse a un lado y otro del llamado conflicto vasco. Por un parte están el Txato, Bittori junto a sus hijos Xabier y Nerea y por la otra Joxian, Miren y sus hijos Joxe Mari, Arantxa y Gorka.

La narración no es lineal sino que presenta flash back, saltos que van alterando la sucesión cronológica. En cuanto a la estructura, 125 capítulos cortos, a los que un narrador omnisciente va dando visión de conjunto, y un lenguaje que intercala palabras en euskera, uso del condicional… 

Los nueve personajes principales están bien trabajados y definidos, lográndose que se muestren humanos incluso los que aprietan el gatillo: 


El Txato, un empresario vasco, asesinado por ETA al negarse a pagar el segundo impuesto revolucionario, la extorsión de la banda para su financiación. Es un hombre que ha levantado su negocio a base de esfuerzo y que da trabajo a vascos. Empieza a recibir amenazas, ve las continuas pintadas y trata de solucionar el problema a su manera, callando la situación en casa y tratando de ponerse en contacto con la banda para que sepan de sus finanzas y puedan llegar a un acuerdo. Ese encuentro no se realiza y ETA, un frío engranaje para matar, hace girar la rueda.


“¿No dicen que defienden al pueblo vasco? Pues si yo no soy pueblo vasco, ya me dirás tú quien lo es.

Aita, ¡por favor! Tienes que hacerte a la idea de que ETA es , ¿cómo te diría yo?, un mecanismo de actuación… ETA debe actuar sin interrupción… Si no hace daño, no es, no existe… Este modo mafioso de funcionamiento está por encima de la voluntad de sus integrantes… la máquina del terror, una vez que ha cogido velocidad, no se puede detener.

Mataron a sangre fría a Yoyes, que había sido dirigente de la banda. ¿No tienen compasión entre ellos y quieres que la tengan contigo?... Hijo, yo no puedo entender que unos tipos que pretenden defender el euskera maten a euskaldunes. Que quieren construir Euskadi, maten a vascos.”


Ve en la acera de enfrente a Joxe Mari y aun sabiendo que se relaciona con ETA, cruza para saludarlo pensando en la cantidad de helados que le ha comprado de niño.

Joxian, su amigo del alma, su pareja de mus y peña ciclista pero al mismo tiempo una persona de temperamento débil, sensible y cobarde que retira el saludo por miedo y se lo mantiene mentalmente.

Nerea, egoísta y algo perdida, trata de huir para no ser un satélite que gira alrededor de un hombre muerto. Por eso mismo, su madre no puede perdonarle que les negara su compañía en el momento que más la necesitaban. 

Xabier, un médico inteligente, que protege y cuida a su madre. Preocupado por las amenazas, trata con anterioridad al atentado de ubicar a su familia y empresa en San Sebastián. Intenta poner lucidez a los actos de Bittori como cuando cuelga en la verja el letrero de cerrado por defunción y ella le dice que ponga cerrado por asesinato. Comprueba dolido como los trabajadores, sin darle el pésame, le preguntan qué cuándo se vuelve al trabajo, aquí no ha pasado nada. Es un personaje solitario, incapaz de mantener una relación (a su madre le dice que no sirve para el matrimonio), se enfrenta a su soledad, aferrándose al trabajo, el coñac e internet. 

Miren, de carácter espartano, dura, severa, con un grado de implicación emocional hacia sus semejantes nulo. Su radicalización política y abertzale se produce cuando su hijo Joxe Mari entra en ETA y, sobre todo, cuando es encarcelado. Era como una hermana para Bittori y cuando Joxian le pregunta si no le da pena de su amiga, le responde: “A mí me da pena Euskal Herria que no la dejan ser libre.” Está llena de odio y defiende sus ideas y a su familia hasta la muerte. Por eso mismo asumirá, muy a su contra, la homosexualidad de Gorka. 

Gorka, el más joven, intenta mantenerse al margen del ambiente abertzale, pero para ello, tiene que huir del pueblo porque sabe que cuando hay manifestaciones, homenajes, siempre hay ojos controlando quién está y quién no. Es locutor de radio, escritor en euskera y un defensor de la cultura vasca, pero rechazando la violencia. 

Joxe Mari, pertenece a la banda terrorista, es un asesino y como tal purga su culpa encerrado en diversas prisiones. Va perdiendo radicalidad con el paso del tiempo y los años preso. Cuando encara a su víctima se acobarda y miente a su compañero alegando que había un vecino y que en la próxima tentativa lo ejecute él.


“Se quedaron mudos el uno delante del otro… Soy miembro de ETA y vengo a ejecutarte. Pero no lo dijo, no le salió… Es que era el Txato, joder. Sus ojos, sus orejas, la sonrisa. Y Joxe Mari se dio la vuelta y se marchó.”


Arantxa, un personaje muy emotivo, valiente y que no silencia sus ideas aunque un ictus le haya imposibilitado y encarcelado en su propio cuerpo.


(Miren) –El concejal ese, amigo de tu marido, era del PP.

(Arantxa) -¿Estás chalada? Por encima de todo era una buena persona y un padre de familia y un hombre con derecho a defender sus ideas.

-Era un opresor. Y te recuerdo que tienes un hermano pudriéndose en una cárcel española por culpa de buenas personas como esa.

-A tu hijo, del que estás tan orgullosa, le probaron delitos de sangre. Por eso está en la cárcel, por terrorista. Te lo repito, por terrorista, no por hablar euskera.


Convence a Joxe Mari para que lea las cartas de Bittori consiguiendo el ansiado perdón.

Bittori, para mí, el personaje principal de la novela. Es una mujer de carácter, cabezona, que se va a San Sebastián para perder de vista la acera donde lo mataron, para no aguantar las miradas y los gestos de unos vecinos tantos años amables y que ahora no le permiten ni comprar, para no ver aquella pintada con la diana encima del nombre del Txato, para intentar volver a ser alguien. Se enfurece porque no puede enterrar a su marido en el pueblo y lo tiene “escondido” en el cementerio de Polloe en San Sebastián. Allí acude para hablar con el muerto, no porque se esté volviendo loca sino como terapia, la obligaron a hacerlo desde el momento en que vio al Txato caído en la acera y nadie la ayudó, sólo ella hablándole:


Y de repente, los tiros. No me preguntes cuántos… He visto al Txato caído en la acera… He bajado a todo correr a la calle y, al ver la sangre, pues ya me he puesto a gritar como una loca. ¿Tú crees que ha venido alguien a echar una mano?... No ha venido nadie. Así que me he puesto a hablarle. Y fíjate qué alterada estaba que le he dicho: te quiero. No nos lo hemos dicho nunca. Ni de novios. No nos salía decirlo. Si eso, nos lo demostrábamos y punto… Nadie me ha echado una mano. La calle, sola. Las ventanas cerradas.”

Cementerio de Polloe
Allí, junto a esa tumba que no es la que le corresponde, Bittori le cuenta al Txato todo lo que ocurre, que va a volver al pueblo porque es el suyo, dónde tiene su casa y dónde quiere que ambos reposen. Le comenta el cese de hostilidades, le lee la carta de Xose Mari pidiéndole perdón, se sienta sobre la losa y suelta todo lo que lleva dentro:

-La hija ya está en Londres. Lo supongo vamos, porque no ha tenido el detalle de llamarme por teléfono. ¿A ti te ha llamado?... En fin, ya te he informado. Aquí te quedas.

(A Joxian) –Ayer estuve en Polloe. Voy mucho, ¿sabes? Me siento en un borde de la tumba y hablo con él. Me pidió que te diera recuerdos.

Tanto dinero gastado en sus estudios. Pues ahora tira su futuro a la basura… Y tú ahí tumbado.

(A Xabier) –Antes que se me olvide, el Txato pregunta cuándo te vas a casar. Dice que ya va siendo hora.


Por último, otro personaje importante es el propio Fernando Aramburu que utilizando el recurso de la aparición del autor en la propia obra, cobra vida como un conferenciante en unas Jornadas sobre Víctimas del Terrorismo, cohesionando la ficción con la realidad. Éste escritor defiende su papel a la hora de escribir un libro sobre las atrocidades cometidas por la banda, su empatía hacia todas la víctimas y su rechazo sin paliativos a la violencia y a las agresiones contra el Estado de Derecho.

En esas frases del conferenciante Aramburu se resume toda la temática del libro, el odio, el racismo, la violencia física y psíquica, la mentalidad de raza perseguida, el miedo, en algunos casos entendible y en otros no, la permisividad, el fanatismo y el desprecio hacia quién no piensa como tú.

Aramburu es vasco y ha vivido toda la problemática de esos años de terrorismo, esa sociedad golpeada por la violencia y el silencio, el miedo a hablar, especialmente en aquellas zonas pequeñas donde todos se conocían y pasabas a ser sospechoso. Cómo era esa vida en los pueblos donde además de sufrir la pérdida de un familiar, te convertías en un apestado. Por eso Bittori necesita el perdón, para cerrar heridas abiertas e infectadas, sin olvidar, manteniendo la memoria porque lo olvidado puede repetirse. Como decía mi admirado Primo Levi, el olvido supone una segunda muerte. Sin memoria de la injusticia no hay justicia posible.


Al margen ~



Me ha gustado mucho “Patria”. Ha sido una de esas lecturas que te afectan, que no te dejan igual. Me ha hecho reflexionar sobre temas que has vivido pero de lejos, sin ver el alcance real de las víctimas.


Me ha hecho gracia la salida del Txato hablando en el piso con Xabier dando a entender el carácter terco de Bittori

-Es bonito esto. A la ama le gustará.
-Me parece que no la conoces. Aunque le regales la Alhambra de Granada, esa mujer prefiere quedarse en el pueblo.
 Me parece que no profundiza en el personaje de don Serapio, alguien que en vez de ayudar y tratar de cerrar la herida abierta, desde el principio pretende que se vayan del pueblo, que allí no son bienvenidos. Así mismo, me parece que no desarrolla suficientemente la evolución de los terroristas. Pero lo que menos me convence es la transformación de Miren, demasiado repentina, algo radical. Al aparecer las pintadas contra el Txato, de la noche a la mañana se reafirma en sus ideas intolerantes y rompe su relación de años con Bittori, no por miedo o por la presión social como su marido, sino desde el fondo de su alma.

El final me parece bien, sobrio. Va hacia lo políticamente correcto, el happy end, pero como dice Aramburu, quería dejar un hueco a la esperanza.

Llama la atención cómo introduce la violencia incluso en los animales, por ejemplo, con la gata Ikatza. Ésta le lleva a Bittori pájaros muertos o ratones. A ella, no le da asco, pero sí le suscitan la idea de muerte violenta.

Título e ilustración de cubierta. Creo que son dos aspectos influyentes a la hora de comprar un libro, no son determinantes, porque lo realmente importante es el texto, pero es algo que se debe de cuidar ya que es la primera información que nos transmite la obra. Con “Patria” creo que el autor alude al uso que de esa patria se ha hecho en la sociedad vasca, decidiendo unos pocos sobre quién debe pertenecer a ella y quién no. En cuanto a la imagen, me gusta bastante.
Es una fotografía de Filiep Colpaert. Aramburu ha dicho que la aceptó cuando se la propuso la editorial y que sólo al tiempo la asoció con el asesinato del periodista José Luis López de la Calle. Éste, columnista del diario El Mundo, mantuvo siempre una postura muy crítica con el nacionalismo vasco y un compromiso contra la violencia y el terrorismo de ETA y a favor de la paz y la libertad en el País Vasco. Es tremendo ver a un hombre asesinado, junto a su paraguas rojo y una bolsa con sus periódicos. ¿Cómo se puede justificar algo así?

La novela alude continuamente a atentados que sucedieron realmente, víctimas que todos hemos conocido, personajes como Miguel Ángel Blanco, Ordoñez, Imanol, Yoyes… Aramburu comenta en una entrevista que hubo un atentado que lo conmocionó especialmente. Fue el del senador Enrique Casas en 1984. No es que fuera más terrible que los demás, todos han sido atroces, pero en este caso él vio como metían el ataúd en la Casa del Pueblo de un barrio de San Sebastián y experimentó la sensación directa de la muerte, humanizó al muerto.